4 de septiembre de 2010

Sexo y libertad

Cuando el lector se enfrenta a una entrada que se titula así, espera que el contenido vaya relacionado con la defensa del sexo libre, la eliminación de prejuicios sexuales y la lucha por una igualdad entre sexos. Pues no, en realidad, de lo que se trata es de una reivindicación de la libertad de expresión. Me explico. Esta mañana leía un artículo de opinión bastante interesante del cura párroco de mi barrio. Este hombre, como digo, sacerdote, defendía su visión -subjetivizada por la institución a la que pertenece- sobre lo que debería de entenderse como libertad sexual. Como esta mañana estaba aburrido, procedí a escribir un comentario a dicho artículo (más abajo colocaré el enlace. Inocente de mí. Cuando llevaba unos segundos escribiendo, algo extraño pasó en la página. No sé si fue porque pulsé la tecla equivocada en mi teclado o por obra y des-gracia del espíritu santo, pero la realidad es que se perdió todo lo que había escrito hasta el momento. Ni corto ni perezoso, y precavido, volví a redactar y termiár dicho comentario en un documento de Word. Una vez terminé de redactar y de corregir por encima y rápidamente, pegué todo el texto en el hueco habilitado para ello en la página. Cuál fue mi sorpresa, cuando vi que el comentario no fue publicado (son las 13:30 y no ha aparecido aún) a eso de las 11:30. Lo volví a pegar una segunda vez y nada. Yo pensaba que sería cuestión de tamaño (como muchas cosas en esta vida), pero sé que alguien ha intentado escribir también un comentario bastante más corto y tampoc oha sido publcado.

Por tanto, aprovecho que escribo poco por aquí para pegar mi opinión al respecto. Pero antes, la noticia. (Ojo, no es la primera que escribe sobre sexo) Ahora mi comentario que aquí sií se publica:


Muy buenos días, he leído este artículo de opinión y no he podido “resistir la tentación” y verme impelido a contestar ya que es bastante curioso ver a un sacerdote opinar de sexo y de libertad.

Parto de la premisa de que en un estado de derecho todos los ciudadanos de dicho estado tienen la libertad para poder expresarse, una idea que defiendo a capa y espada. Como digo, partiendo de esta base entiendo que usted opine libremente de lo que le plazca, pero atendiendo a su oficio hay cosas que no entiendo. La Iglesia, una institución como la Católica, es la primera institución documentada arqueológicamente que tuvo personas entregadas a ella como pago, servidores, propiedad suya, por lo que de libertad, o de la carencia de la misma, entiende bastante. Centrándonos en la Católica, su historia no habla mucho de lo proclive que ha sido a la libertad; como botón de muestra la Inquisición. Otra cosa que no entiendo es que usted, como cualquier otro sacerdote, a excepción de Lope de Vega o Alejandro Borgia, por ejemplo, no suele tener conocimiento carnal del sexo (salvo el sexo solitario o el practicado con barraganas –simonía al canto-). Si me equivoco, rectifíqueme, por favor. Y eso es como si un parroquiano se pone a hablar de medicina o de historia. Si no tiene conocimiento empírico, propio, puede equivocarse. Me pregunto, ya que dice usted que la Iglesia defiende a los otros por encima del placer propio, por qué no condena al obispo de Tenerife, o por qué no lo castiga la ley ordinaria.

Dice usted que los seres humanos se diferencian de los animales en que son capaces de “controlar” sus impulsos sexuales y tener “señorío” sobre ellos, mas los animales practican el acto sexual para procrear, lo mismo que defiende la Iglesia Católica. Por ende, no somos tan diferentes los unos de los otros. Así, cualquier acto sexual que no culmine con la eyaculación del hombre dentro de la vagina de la mujer se considera un pecado. En este mismo sentido, la represión de esos sentimientos provoca que existan problemas tan graves como la prostitución, mal llamado el oficio más viejo del mundo. Como dice el refrán: “mejor fuera que dentro”.

Por otro lado, no sé cómo hace usted la relación entre el adulterio, la agresión física o la conducción temeraria, cómo es capaz de relacionar la moralidad con la jurisdicción. Eso sólo ocurre en teocracias, verbigracia los países islámicos donde el adulterio sí que está penado (que se lo digan a las mujeres muertas por lapidación) y donde no hay libertad. ¿Es es la libertad que usted defiende? Dice usted también que dejarse llevar por lo que apetece en cada momento es un error antropológico. Pero es que eso atenta contra la ley establecida por los hombres y en democracia, no por una institución que para nada es democrática como la Iglesia.

Además, el matrimonio no tiene por qué ser una entrega, sino una unión libre entre dos personas adultas que quieren compartir su vida, crear un proyecto común y no limitarse a tener hijos. Una idea de compartir no de entregarse incondicionalmente.

Para terminar, perdóneme si me excedo, decirle que hay que dar gracias a que el sexo se pueda ejercer con libre, gratuita y sanamente. Una mayor libertad sexual haría de nuestra sociedad una sociedad más limpia y con menos prejuicios. Lástima que unos puedan ejercerlo y otros no.

Como colofón, yo también aprovecho para citar a otro africano insigne, Nelson Mandela: "Mi ideal más querido es el de una sociedad libre y democrática en la que todos podamos vivir en armonía y con iguales posibilidades."

Fuente: Teleprensa

2 comentarios:

D.V.M. dijo...

Cura y sexo...error del sistema.
Podríamos convocar un bukake multitudinario en la puerta de la parroquia con el unico fin del disfrute carnal...eso y derramar fluidos.

A parte, hasta que no se suprima la propiedad privada y por tanto la herencia no se podrá ser sexualmente libre...hazme caso :p

Baluar dijo...

Fourier, por ejemplo, decía todo lo contrario, querido D.V.M. Sostenía que la destrucción del sistema económico y social capitalista no se podía afrontar sin la liquidación de la familia burguesa, modelo de familia que coarta la libertad sexual.

Por cierto, siendo honesto, al final mi comentario sí que ha sido publicado. Espero que haya respuesta.