31 de agosto de 2010

Rodrigo

¡Salud!

Hacía bastante tiempo que no escribía por aquí y hay gente que se ha percatado de ello. Una de esas personas es el amigo DVM de La Zumaya Mecánica, un blog en el que suelo comentar bastantes cosas que publica este blogger y que, además, es una persona con la que comparto intereses, ilusiones (ni sentimentales ni sexuales, ojo) y odios intestinos. Como decía, DVM lleva tiempo dándome la lata con que no publicaba nada en el blog. Tengo que reconocer que es cierto, que tengo el pobre blog muy abandonado, pero es que el pobrecito mío está ya acostumbrado a que pase temporadas sin dejarme caer por aquí, sin hacerle puñetero caso. Para más Inri, tiene un hermanito que lo ha destronado, el Facebook, plataforma social en la que suelo publicar algunos de mis desvaríos, las noticias que me interesan y de los chistes que considero que son tandignos como para darles relevancia. Digamos que el Facebook ha restado protagonismo al blog (y si quitamos el digamos, mejor). Me pregunto si tendrá el síndrome del príncipe destronado... (es duro, seguro que no)

Ahora es el momento de la verdad, de publicar algo que no lo he escrito yo, de darle paso a alguien que se aburre mucho o que las horas de estudio y concentración están matando. No voy a explicar de qué va porque cada uno sacará sus propias conclusiones, más sí tengo que decir que me ha gustado mucho. DVM, dí lo que quieras que a mí me sigue gustando... Señores, he aquí el poema:

"Rodrigo está en el barbecho. Rodrigo está con el arado. Rodrigo está con la yunta. Rodrigo es el gnomo de un reloj infinito, con la sombra muy corta. La arena en sus alpargatas se mezcla con el sudor que chorrea, podría ser olivo, pero el Universo lo quiso así. El sudor le entra en los ojos, el sudor le entra en la boca, el sudor le sale del alma. El alma que ya es de alambre, seca, requemada del sol sempiterno. Sempiterna la procesión, el abrir la estelas telúrica del infinito al infinito. Estelas para que grane la mies, para que grane la vida. La vida que se reduce al polvo, estiércol, al paso vacilante de las bestias. Hasta que un día el mismo polvo y el mismo estiércol sepulten a Rodrigo. Rodrigo ve el azul y se resigna, su cuerpo lúbrico, de humedad de anfibio, recubierto de una corteza parda, endurecida, por dentro y por fuera. La camisa pesa, los zapatos pesan mientras beben con ansia el agua que mana de la corteza de Rodrigo. Su boca es una de sus estelas, polvorienta, reseca, pero no clama ni al cielo ni a la tierra.


Rodrigo para. Las bestias paran, el sol para, la mies para. Un tambor en el llano, el corazón del yuntero bombeando brea, la sangre negra y reseca de siglos al sol.


La mano se deleita en la arcilla suave, ligeramente húmeda, la piel de la Tierra. La Tierra se eleva amenazando agua en la garganta de Rodrigo. Pero la tormenta espera y la tierra baja.


Sombrero negro, traje negro. Bueno el paño. Llega en silencio se para en silencio. Mira el arado, mira los lomos, mira las bestias, mira el infinito. Añade jocoso; “Qué, hoy hace fresco ¿no?”

Se eleva el búcaro, se eleva el agua, se eleva el mundo. Redobla el tambor de brea. Golpea el mundo, golpea el cielo y cae el agua, cae la sangre, que no es brea sino más bien vino. Se extiende el vino, se extiende el agua, caen perlas nacaradas, blancas semillas que no darán grano. Algo se retuerce debajo del buen paño.

Rodrigo suelta las bestias, mira el infinito, miras las lomas, mira la mancha, mira el paño. Rodrigo se da la vuelta. Rodrigo sigue aún con sed..."


Precioso... También me veo en la obligación de decir que, conociendo a DVM, imaginaba que el poema acabaría de otra manera. De todas formas, muchísimas gracias. Tú dirás que el poema no encaja en ningún lado, pero aquí, en este "Templo", es bien recibido y tiene su lugar. A ver si así me animo y se inicia una serie de colaboraciones entre bloggers (una idea que tuvimos hace tiempo, pero que no se había movido).

Fuente y agradecimientos: La Zumaya Mecánica

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