29 de enero de 2008

El cubil del pirata

Al referirse alguien al cubil del pirata, nos paramos a pensar en el Caribe. También podemos evocar paisajes paradisíacos en las costas de Malasia y el Mar de China, o incluso algún país "civilizado" con sus corsarios y sus paraísos fiscales, otrora lugar que donde se refugiaban los bucaneros, piratas y el resto de hijos de la mar...

Ya si nos referimos al propio cubil del pirata, lugar envuelto por el misterio y la ruina, por el lujo y el desenfreno, elucubramos una recóndita cueva en una isla desierta, bajo un blocao en algún islote perdido. Cubierto por ricos tapices del Persia, monedas de a ocho españolas y finas copas del más fino cristal de Bohemia. Entre tanto lujo, botellas de ron vacías, restos de comida, de lucha y hasta de humanidad.

En tan dantesco escenario se vislumbra a uno de sus protagonistas. Prófugos, asesinos, violadores, esclavos sin señor, marineros sin capitán, colonos desheredados, todos ellos forman la tripulación de un barco que surca los Siete Mares en busca de Libertad y botín.


Romanticismos aparte, hoy día la situación del pirata ha cambiado: según nos cuenta El Mundo, la ubicación geográfica de los piratas ha cambiado. España es de los países que mas "piratean". Luego tuvieron que rectificar... Tanta mala baba salpica...

La imagen romántica que teníamos del pirata, recordemos la "Canción del Pirata" con la que Espronceda nos deleita, ha variado: ya no son personajes cargados de aventuras y riquezas sin fin, ahora son "españolitos" de a pie que ya no están cargados de aventuras, sino de deudas: hipotecas, letras del coche, de la lavadora, del televisor... Nuestros cubiles son pisitos de 30 metros cuadrados y nuestras zapatillas "Kelly Finder", ni Converse como la de los otros, Kelly Finder... Nuestros barcos, galeones o carabelas azuzados por el viento y mecidos por las olas, nuestros coches de ahora apestando las calles y envolviéndolo todo con su humo.

Querer comparar la imagen del pirata con alguien que hace lo que es normal que se le haga tras haberse cobrado, antemano, por lo que se supone que iba a hacer, hablando en plata, es de imbéciles.Lo peor de los imbéciles, como hable otro día, como ocurría con los corsarios, es tener la defensa de la ley, tener una patente de corso. Proteger a quien quiere imponer una cultura de paga-paga, debería de estar penado por la Constitución. Querer imponernos una sociedad de consumo tan abrasiva, debería de ser neutralizado por el Sentido Común, pero cuando los políticos, que son los que deberían de apelar por ése, son los primeros que adolecen de su carencia, estamos perdidos.

Para terminar, y como gracieta, dejo un vídeo...

Fuente: David Bravo.

2 comentarios:

Feagurth dijo...

Pues a mi no me molesta que me llamen pirata...

Me han llamado cosas peores....

Lo que es una pena, es que se juegue con la sociedad como se hace...

Baluar dijo...

No, si a mí tampoco me preocupa. Es más es como cuando me llaman comunista con toda la mala baba... xDD